
Hay varias reglas en cuanto a la cantidad a suministrar de alimento tales como que el alimento nunca debe llegar hasta el fondo (ser ingerido antes), o no alimentar más que con aquello que sus peces puedan comer en siete minutos. Pero es todo más bien una cuestión de hacerse experiencia personal. No todos los peces comen al mismo ritmo ni en las mismas cantidades. El objetivo siempre será minimizar la cantidad de materia desperdiciada.
En este punto, cabe destacar lo siguiente. El amonio es el producto residual del catabolismo proteico. Si el pez ingiere mas proteínas que las que utiliza para construir su propia estructura proteica (colágeno, músculos, etc.) las aplicará en la producción de energía metabólica; de esa manera, se incrementará la lectura de amonio excretado. Toda proteina no ingerida por el pez será "comida" por las bacterias rápidamente. ¿Entonces? Podrá notarse un incremento en los valores de amonio, nitratos y nitritos. Por lo tanto, cuantas más proteínas se agreguen al acuario, mayor será el nivel de nitratos. Por supuesto que, existiendo un buen filtrado en el tanque, no debiera haber lecturas de nitritos.
Los peces con barbillones (Ej. corydora) ayudan en algo a eliminar restos de comida del fondo; pero su acción no es suficiente ante los excesos.
Los alimentos pueden ser clasificados de diferentes formas, según
sea su presentación:
Los de más alta calidad garantizan un análisis de 46% de proteínas, un 5% de grasas, 2% de fibra y 6% de humedad.
Generalmente son aceptados por casi todos los peces tropicales. Pero un mantenimiento serio implica darle a cada especie el alimento de su necesidad que, en muchos casos, es posible obtenerlos “ad hoc”.
Dentro de esta categoría, es posible mencionar al alimento iofilizado por deshidratación. Se trata de productos de origen animal, tales como tubifex, artemia, daphnia o larvas de mosquito.
Se ha demostrado que su contenido es pobre en cuanto al aporte vitamínico, aunque rico en grasa. Debe ser suministrado alternándolo con otros alimentos secos o vivos, ya que como único alimento acarrea una sobrecarga adiposa a los peces.
Una vez comprado el tubifex vivo, tenga la precaución de mantenerlos en un plato o una bandeja, donde gotee agua suavemente durante tres o cuatro días. Ello llevará a una limpieza parcial más adecuada y sobre todo teniendo en cuenta que el agua de las ciudades contiene cloro activo contribuirá casi a su desinfección.
Para el caso de que su proveedor ya haya hecho la tarea de desinfección, puede guardarlo con algo de agua (tapado) en la heladera. Lavándolo todos los días puede mantenerse fresco por algún tiempo.
No obstante es recomendable suministrar el tubifex iofilizado en lugar del vivo. El tratamiento del producto conserva todos los beneficios, sin llevar consigo micro bios que podrían perjudicar los peces.
El tubifex vivo, debería ser suministrado en los comederos diseñados para ellos, y que consisten en una pequeña boya, de la cual cuelga el comedero propiamente dicho, compuesto de dos semiesferas con múltiples agujeros, que permiten la salida paulatina de los gusanillos siendo inmediatamente tomados por los peces y de a uno por vez. Ello evita que una abundante provisión no sea aprovechada. El tubifex, al enterrarse en el fondo del acuario, escapa a los peces hasta que muere y contamina el agua.
Una vez adquiridos, ubique una canilla que no sea de uso frecuente. Tome un recipiente y eche dentro el tubifex. Abra la canilla a punto de goteo y deje que el agua rebalse durante unos tres días. Esto hará que el cloro del agua corriente se ocupe de la mayoría de las bacterias perniciosas. Eso sí, nunca deje al tubifex sin agua; se mueren y pudren rápidamente.
Una forma casera de crianza y desinfección, consiste en tomar tierra del jardín y ponerla en una pequeña maceta de barro común hasta un poco más de la mitad. Humedézcala y coloque después unos 100 tubifex vivos. Cubra todo con una capa de alimento para bebés como avena o “Nestum”. Tape la maceta con un vidrio y controle que la humedad se mantenga. Agregue más alimento a medida que es consumido por los gusanos.
En unas 3 o 4 semanas verá las “bolitas” de tubifex que solamente tendrá que enjuagar antes de que sean devorados por sus peces. Si no exagera con las porciones, podrá, si sigue alimentando y renovando el alimento, alimentar a sus peces por bastante tiempo.

Su utilización en acuarios está dirigida a la alimentación de los alevinos, cuyo crecimiento se vivifica en forma notoria. Lo mismo vale para peces pequeños, como son cebras, neones, o guppys.
La conservación de los huevos, como dijimos es casi ilimitada, pero para ello deben ser conservados en un contenedor seco y hermético.
El modo de utilización es el siguiente: en un recipiente de boca ancha se coloca un litro de agua a la cual se agregan los huevos, una o dos cucharadas de ClNa (sal gruesa común) y se le agrega un centímetro cúbico de huevos aproximadamente. Posteriormente, se le aplica a la mezcla aireación desde el fondo. Pasadas 24 a 48 horas, podrán verse unos pequeños individuos de color rosado.
Para separarlas, se interrumpe la aireación y se deja reposar. Así, las artemias se acumularán en el fondo y hacia donde la luz es más fuerte; por su parte, los cascarones de los huevecillos flotarán cerca de la superficie.
Habrá que sifonear el fondo y pasar el líquido (que ahora contiene las artemias) por un filtro muy fino donde se acumularán, para después ofrecerlas de alimento.
Puede no ser imprescindible tener a mano un segundo aireador a estos efectos, pues puede utilizarse la acción del principal del acuario, pero es sumamente recomendable por una cuestión de organización y evitar aromas indeseados en el ámbito de exposición.