Martín Palermo no pudo anotar ningún gol en el clásico sudamericano. Con un ojo todavía morado y medio cerrado (producto de un golpe con un defensor uruguayo), Martín tuvo que luchar sólo adelante contra la dura defensa brasilera. Su habitual compañero, Guillermo Barros Schelotto, no fue titular y Ortega (el reemplazante) no jugó en la misma posición, sino que se ubico como engnache ayudando a crear a Juan Roman Riquelme (de floja actuación). Por esa razón, Palermo estuvo siempre solo en el área y muchas veces tuvo que bajar hasta la mitad de la cancha para poder recibir la pelota, que nunca le llegaba.
            Aunque su actuación en la Copa América no fue brillante, también hay que decir que no fue un fracaso, ni mucho menos. En los cuatro partidos que jugó hizo tres goles, lo que no es un mal promedio para un goleador. Pero los tres penales errados contra con Colombia lo marcaron para que toda la prensa y la gente piense que su rendimento fue bajo, cuando en realidad fue uno de los mejores del equipo argentino.