Pero fue una tarde-noche negra para Martín. Tuvo la mala suerte de malograr tres penales. El primero pegó en el travesaño y se fue afuera. El segundo se fue muy parecido al primero; se fue lejos, alto, por arriba del travesaño. El último, con el partido ya definido (3-0 abajo) lo pateó fuerte pero a la izquierda del arquero, quien adivinó la intención y lo atajó. Quizás el orgullo fue más fuerte que la razón, y en vez de dejar a otro compañero decidió seguir probando. Vale aclarar que en Boca Juniors nunca había errado un penal, y era el encargado principal de patearlos, por delante de grandes ejecutores como Riquelme, Guillermo Barros Schellotto o el defensor Jorge Bermudez.