Volvió Palermo. Luego de una noche para el olvido, Martín volvió a ser el de siempre. Exigió en todo momento a la defensa charrúa y tuvo su premio con un gol, que significa mucho más que eso. Recibió críticas de todos los sectores del periodismo, no sólo argentino, sino americano. Él no se dejó llevar por los agravios y respondió todas las preguntas hechas por los periodistas. En la cancha respondió con lo que mejor sabe hacer: goles. Pero no soló hizo un gol, corrió todas las pelotas como si fuera la última y se sacrificó como si fuera el primer partido en primera.
         En la jugada anterior al gol, producto de un golpe con un defensor uruguayo, el ojo se le hinchó de una forma impresionante. Casi no podía ver, pero su olfato de goleador lo llevó a marcar luego de un buen pase de Riquelme, que Palermo transofrmo en gol. El festejo no tuvo nada de loco, pero mucho de emotividad. Encaró a una cámara de TV y gritando con el alma se sacó toda la bronca que tenía encima. A los 33 minutos del segundo tuvo que salir ya que el hinchazón que tenía arriba del ojo le impedía ver. La ovación y el grito de "Paleeeerrmo" se hizo presente por parte de los cinco mil hinchas argentinos.